Cronica de Mystra

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Cronica de Mystra

Mensaje  Kojiro el Miér Ago 20, 2014 8:28 am



Esta Cronica cuenta las aventuras de Zyna, Seldlon, Kara y Quarion


Última edición por Luthor el Sáb Ene 24, 2015 1:25 am, editado 1 vez
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Re: Cronica de Mystra

Mensaje  Karamia_Kara el Miér Ago 20, 2014 10:22 pm

Llegábamos tarde a la reunión con los demás en la posada, se lo repetí a Kara varias veces, pero nada, ella insistió en ir a visitar esa ultima tienda, total, para nada, yo no compre nada, es mas ni me acuerdo de lo que hable con el tendero, pero lo hecho, hecho estaba. Aunque ahora que me fijo, Kara lleva un mapa en las manos.

-¿De donde has sacado el mapa? -Le pregunte mientras aligerábamos el paso hacia la posada.
-De la tienda, ¿no lo viste? estaba en una de las estanterías.
-Lo cierto es que no, no recuerdo mucho de cuando entre en la tienda la verdad.
-Lo vi y lo cogí, parece el mapa de un templo antiguo -Kara sonrió -Ya sabes lo que eso significa, ¿No?
-Si, problemas.
-Exacto, y ademas tesoros
-Ya, pero sobre todo problemas.

Kara sonrió aun mas. La verdad, a veces me preguntaba por que era amiga suya.

Cuando llegamos a la posada ya estaba allí Zyna, Seldlon y Quarion, así que nos acercamos a ellos, nos sentamos en las dos sillas libres de la mesa y les saludé. Me disculpe por llegar tarde, pero no pareció importarles.

-Eh, -Dijo Kara, -Toma el mapa, muéstraselo, que tu les caes mejor.
Eso era cierto, Kara podía ser un poco arisca con los demás, y como ademas siempre le gustaba tener la razón, pues... Así que cogí el mapa, lo extendí sobre la mesa y se lo mostré a los demás. Era el mapa de la zona, pero lo interesante del mapa era el templo de Mystra que estaba marcado en el, un templo desaparecido hace unos 100 años por lo visto. Discutimos sobre la veracidad del mapa, y de si valía la pena, pero la avaricia pudo mas que el sentido común, así que nos dirigimos hacia allí, Yo pensé en quedarme, no me gusta ni pelear ni los conflictos, pero Kara insistió en que fuera, me dijo que ella se ocuparía de los problemas, como siempre, así que les acompañe.

Era por la mañana, así que salimos en ese instante. Era un largo camino, un día a pié, nos pertrechamos y partimos rumbo a la aventura, solo esperaba que no hubiera mucha sangre de por medio.

Llegamos al Bosque del Rey,  no tardamos en darnos cuenta de que algo iba mal, A Zyna le escamo que apenas hubiera ruido de animales, nosotras dos no sabemos mucho de la vida animal, así que no notamos nada, pero ella estaba acostumbrada a la vida salvaje, así que me fío de ella cuando dice que algo andaba mal, y no tardamos en confirmarlo, al parecer alguna enfermedad afectaba al bosque, los arboles y los animales estaban enfermos, Quarion lo confirmo cuando encontramos un lobo muerto, nos dijo que no había heridas en el cadáver, y dijo que había sido una enfermedad, pero lo que no entiendo es por que luego le hizo la escabechina que le hizo al pobre lobo, lo rajó varias veces hasta que le saco un pedazo de carne, por dios, casi vomito. Recuerdo que pensé "Pero que es lo que se le pasa por la cabeza a ese elfo". El mismo había dicho que estaba enfermo, ¿para que quería la carne? Pero bueno, es asunto suyo.
Continuamos el camino hasta que anocheció, Zyna preparo una hoguera mientras los demás discutíamos estupideces sobre como encender una con conjuros de luz, por si os lo estáis preguntando, no no se puede.
Comimos algo y nos repartimos la guardia, si había un lobo muerto, lo mas probable es que también los hubiera vivos, lógica de primer grado. Terminamos de comer y nos fuimos a dormir.

Los Aullidos de los lobos me despertaron, justo para ver como tenia a uno justo encima a punto de comerme, LA MADRE QUE PARIO AL PUTO ELFO, valla mierda de vigía, hasta un ciego los habría visto venir. Casi me mata el mierda de lobo, y para colmo el puto elfo espera a que acabe el combate para curarnos. ¿Sabes una cosa clérigo de los huevos? podemos morir antes de que acabe el combate, así que prepara algún conjuro para curar coño, y deja de lanzar tu espada como un imbécil. En fin, menos mal que estaba ahí la montaña Orca esa, y el otro elfo, que al menos hace lo que debe hacer un arquero, lanzar flechas, si no se que habría pasado.
Bueno, de todas maneras acabamos con ellos, pero ni yo ni los demás estábamos dispuestos a quedarnos ahí el resto de la noche con los cadáveres de lobos enfermos, los tiramos al fuego... Moooola, me encante ver la carne de mis enemigos quemándose... es un espectáculo revitalizante.
Nos alejamos de la zona y montamos otro campamento para dormir el resto de la noche, hice mi guardia cuando me tocó, no hubo problemas, una pena, y después le toco a la Orca así que descanse, ya me tocaba.

Nos despertamos por la mañana, habia sido una noche tranquila, estaba algo cansada, dormir en el suelo es lo que tiene, no es una cama. Pero al menos no hubo problemas. No reconocía el lugar en el que estábamos, es cierto eso que dicen que el aspecto del bosque cambia mucho de la noche al día, si no fuera imposible habría dicho que estábamos en otro lugar, pero bueno, serán imaginaciones mías. Recogimos el campamento y seguimos camino hacia el templo. Sin contra tiempos, la verdad es que estaba siendo un viaje francamente tranquilo, ¿quien lo iba a decir?
Llegamos por fin al templo, estaba algo hundido en la tierra, de una forma antinatural, probablemente de la época de la Plaga de conjuros. Vimos la entrada, Zyna descubrió unas huellas, posiblemente de goblins que estaban por la zona. Debían de tener su guarida en el templo, el cual parecía estar completamente a oscuras. Seldlon me pidió que le pusiera algo de luz en una de las flechas, me pareció lógico, así teníamos una antorcha, pero entonces la disparó hacia la entrada, a la oscuridad, la fecha paso por el laso de Zyna, la cara con la que Zyna miró a Seldlon lo decía todo. -A la mierda la sorpresa -Dijo Zyna.
No fue la mejor manera de acercarnos, pero no somos unas expertas en tácticas, y no se cual era la intención de Seldlon en ese momento, según el era para que salieran los posibles guardianes goblin, si es que habia, así que se prepararon para el combate, yo paso de los combates por lo que me escondí, no quería ni verlo, no me gustan los conflictos.

Muy bonito elfo de los huevos, ¡JODER! dos elfos en el grupo y una orca, y la única que tiene sentido común es la Orca y la loca, hay que joderse. No tardamos en oír ruidos de animales, así que me puse la Garra, porque iba haber problemas, lo único bueno de esta situación iba a ser que iba a haber sangre, ¡si señor! que es una aventura sin muertos
Unas criaturas mas feas que un enano chupando un limón salieron de la entrada, creo que eran cinco, pero eso daba igual.
No nos costo mucho acabar con ellos, esperamos a ver si salían mas, pero no fue el caso, así que entramos nosotros, si no quieran salir a morir la muerte iría hacia ellos JAJAJAJA

No se de arquitectura, es mas me importa una mierda, si el techo no se me cae en la cabeza por mi que lo hagan como les salga de los cojones . Para mi era un templo de piedra, y una piedra es una piedra, como las que hay en los campos, si queréis saber de que estaba hecho preguntadle a un puto enano. Cuando entramos nos encontramos con unos goblin con ganas de fiesta, así que nos unimos a la fiesta. Me encanta el fuego, pero ver a un goblin retorcerse de dolor por el ácido también mola jeje. Pero este combate no fue muy bien, para mi al menos, uno de los goblin cargo contra mi, yo llevaba un conjuro de protección, pero se lo paso por el forro los cojones, menuda ostia me dio... Mierda de clérigo... cuando me desperté ya habia acabado la fiesta... gracias por nada elfo...
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Re: Cronica de Mystra

Mensaje  Zyna el Sáb Nov 15, 2014 7:55 am

Perfecto, acabamos de llegar y una manada de mugrientos goblins y sus simpáticas  mascotas han querido partirnos la cara. Queda de sobra decir que fue una mala idea por su parte, aunque Kara se acordará, para lo que le queda de vida, del remo que le metió su líder en tol pecho, casi la desmonta allí mismo. Menos mal que estaba yo allí.  -Puuff-.

Después de este incidente, Seldlon y los demás decidieron examinar la sala, cosa que apenas les llevaba un par de minutos cuando unas voces  sonaron a través de una de las aberturas de la sala que comunicaba con unas escaleras. Agucé el oído y me di cuenta, al igual que todos, de que no se trataba de voces de goblins, sus estridentes y agudos chillidos no se correspondían con lo que estábamos escuchando.-bien- pensé- esto se está poniendo interesante-.

Nos adentramos en las escaleras tratando de no ser detectados y cuál fue mi sorpresa cuando una sombra, de sobra conocida por mí, se adelantó a mi posición, raudo como el solo y con el arco en la mano dispuesto a atacar a lo desconocido, si, era Seldlon otra vez haciendo de las suyas –Tengo que hablar seriamente con este elfito para dejarle claras una cuantas cositas con respecto al arte de las hostias, lo importante es no llevarlas y sobretodo que yo no las lleve por su culpa-.

La cuerda de su arco restalló con un sonoro -¡JA!- por su parte, al tiempo el resto de nosotros llegábamos a su lado. Su flecha se estrelló contra la pared próxima a una de las criaturas. Parecían elfos, solo que más esbeltos, estaban tiznados de un color grisáceo y cubiertos de tatuajes e hierros que los atravesaban, y parecía como si sus sombras se moviesen de un modo extraño. Uno de ellos soltó una retahíla de palabros de los  que no llegue a entender ni papa y acto seguido sus dos compañeros y él, se lanzaron como perros rabiosos sobre nosotros.

Me quede un ínfimo segundo mirando a Seldlon y a Quarion tratando de averiguar si alguno de los dos sabía que eran  “esos”  que arremetían contra nosotros. Solo obtuve un semblante de ignorancia por parte de Quarion y un leve encogimiento de hombros por parte de Seldlon. Ahí fue cuando me enteré de que Kara todavía no había bajado, -Aiiisss, seguramente ya le había dado el chungo otra vez y estaba decidiendo que parte de su loca cabeza mandaría ahora en su cuerpo, mejor así, que nos espere a salvo arriba-.
Bien, si querían caña yo se la daría, pensé, encarándome a mis nuevos enemigos, les iba a enseñar lo que era estar rabioso de verdad. Nos atacaron con unas cadenas repletas de pinchos que manejaban de un modo nada desdeñable -Vaya, cadenas armadas, había oído hablar de ellas pero nunca había visto una-.
El primer valiente que nos atacó eligió mal su presa, me eligió a mí, craso error. Su arma golpeó el aire, al igual que las flechas que Seldlon había disparado y el lanzamiento que  Quarion se empeñaba en llevar a cabo con su arma -En serio, no sé qué perra ha cogido con lanzarla en vez de ir él con ella y empezar a partir caras-. Viendo el panorama que se nos venía encima y lo rápido que se movían estos “esos” decidí dejarme llevar y soltar esa mala hostia que me quema las tripas e inflama mi corazón. Mi bramido llenó la sala y fue lo último que mi oponente escuchó en su vida, pues, de un más que certero golpe con el hacha mandé su cabeza al otro barrio y su cuerpo tras ella. De una zancada me acerqué al que asediaba a Quarion, por suerte, Quarion lo había conseguido herir, lanzando nuevamente su arma, pero por contrapartida ese malnacido grisáceo había conseguido lacerarle el brazo con su puntiaguda arma.
Una serie de maldiciones por parte de Seldlon me hacía ver que sus flechas se empeñaban en no dar en el blanco. Levante la vista y advertí que no solo había sido eso, ya que una oscura flecha se había clavado en su hombro. La ira me recorrió y noté como mis dientes se afilaban dentro de mi boca al tiempo que blandía mi hacha nuevamente contra ese ser que por los pelos bloqueó mi ataque con su arma, lo que no sabía, lo cual lo tomo por sorpresa, tal y como pude ver en sus negruzcos ojos llenos de terror, era que mis dientes se cerrarían acto seguido en su cuello, arrancándoselo de cuajo. Pasé como una exhalación por entre un asqueado Quarion y un “eso” cadáver que empezaba a caer inerte. El tercer y último “eso” no supo lo que se le vino encima hasta que fue demasiado tarde para él y fue a reunirse con sus congéneres en el mundo de los espíritus, si es que lo tienen, de un único y certero golpe por mi parte.
Lástima que consiguiera herirme a la desesperada en el definitivo acto de su existencia, un rasguño del cual apenas me di cuenta hasta que ese calor que explota en mi desapareció y Quarion me lo hizo saber señalándome la parte exterior de uno de mis torneados muslos. Menos mal que Quarion no solo lanza su arma, sino potentes conjuros de curación, con mucho mas acierto debo decir, y mis heridas empezaron a cerrarse al igual que las suyas y las de Seldlon, que aún seguía empeñado en maldecir una y otra vez su aciaga puntería.-Ves elfito, a veces no solo tener orejas puntiagudas te aseguran dar en el blanco-.
Por suerte para él, ese cuento que suelta una y otra vez sobre que proviene de un linaje de fatas debe de tener algo de cierto de un modo que no comprendo, pues cuando se cura, realmente se cura de verdad. Jijiji, jodio elfito.

Tras examinarlos, yo me quede con dos de sus armas, algo podría sacar por ellas y Quarion y  Seldlon les quitaron unos brazales que resulta que tenían clavados en el cuerpo, cosa de la que se dieron cuenta cuando trataron de quitárselos. Lo que me llamó la atención fue que cuando Quarion dijo que eran mágicos, ni corto ni perezoso se clavó uno de ellos, automáticamente su cuerpo se demacró un poco, aunque no pareció importarle, diciendo que eso le vendría bien. Seldlon y yo nos miramos y tras negarnos a su ofrecimiento de colocarnos el otro, Seldlon se lo guardó. También nos dimos cuenta de que en el suelo de la estancia había un símbolo, que con el fragor de la batalla, nos pasó desapercibido. A mí me sonaba de algo pero fue Quarion quien nos informó de que se trataba del símbolo de la diosa Shar. Nos pareció sumamente raro teniendo en cuenta que estábamos en un templo de Mystra pero aun así seguimos avanzando. El templo resultó ser mucho más grande de lo que parecía desde fuera, lo que nos adentró en el, pasillo tras pasillo, hasta que en uno de ellos Seldlon detectó una trampa, no lo suficientemente rápido, y una jabalina salió de un resorte clavándose en su escaso cuerpo. El alarido que soltó podría haber despertado a una manada de osos hibernados, aunque en su defensa debo decir que era una herida muy fea, y Quarion fue en su auxilio de inmediato curándolo cuando yo le retire la jabalina de un tirón.
-Mierda, estoy hasta lo cojones de que todo me haga daño en este maldito lugar, joder. Al próximo que vea… argh- exclamó no falto de razón.

No sabía cuánta razón tenía dado que gracias su perspicacia no tardamos en encontrar a otros de “esos”, su mirada se encendió cuando los observó a través de la rendija de una puerta, no tenían ni idea de que estábamos observándolos.
El arco de Seldlon apareció como un rayo en sus manos.- A veces creo que no solo le he pegado mi vocabulario, para nada élfico, sino también un afán por el combate un tanto alocado- y lanzó un ataque…y… no, no era su día. Falló estrepitosamente. Aunque de todos modos reaccionamos rápidamente acabando con ellos antes de que se dieran cuenta de que es lo que les estaba pasando por encima.
Por increíble que parezca, al final Quarion y Seldlon lograron averiguar lo que eran esas criaturas, los llamaron Shadar-kai, una especie de fatas sombrías que adoraban a la oscuridad. Para ser un templo abandonado estaba empezando a estar demasiado concurrido para mi gusto y no precisamente por las criaturas que se esperas ver en un sitio como este, asique tras hablarlo decidimos apurar el paso.
Fuimos lo más directos que creímos poder ir, y eso nos llevó a una especie de mazmorras, sin luz alguna y llenas de moho. Un olor purulento invadía el lugar y decidí investigarlo mientras mis dos compañeros elfos discutían en como iluminar el lugar.-Que si ir por una tea del pasillo, que si conjuro tal, que si conjuro cual, bla, bla, bla-.Y como yo no necesitaba tal cosa, me adentré.
Eran celdas, sin duda una mazmorra. Otra cosa rara para un templo de Mystra. Al poco rato escuché los murmullos de mis compañeros formulando sus conjuros.-Aja, más vale tarde que nunca-pensé. Pero no solo esas voces llegaron a mis oídos. Algo parecido a unos chirridos y gemidos estaba llenado la estancia.
No lograba ver nada, ni lo que los producía ni de donde provenían, cuando Seldlon de un berrido me dijo que saliera fuera de inmediato. Lo conozco lo suficiente como para saber que su tono de voz no indicaba nada bueno asique salí de allí cagando leches. Los gemidos estallaron de repente a mí alrededor mientras Quarion se unía a Seldlon en sus berridos indicándome que la mazmorra estaba llena de magia nigromántica.
Salí de allí justo a tiempo de ver como unos cuantos esqueletos y demás peña no muerta se empotraban contra la puerta que Seldlon les cerró en sus óseas y pútridas caras. Lo malo era que la cerradura no funcionaba y en cuanto soltásemos la puerta esta se abriría dejándoles paso. Seldlon trató de arreglarla, entonces, en un momento de lucidez, una idea me surcó la mente y atranqué la puerta enganchándola por argolla que le servía de tirador,  a uno de los porta antorchas cercanos al marco de piedra con una de las cadenas armadas y el ingenio resultó de maravilla a pesar de las insistentes embestidas de los allí encerrados. Habíamos salido airosos en esa ocasión pero nuestros cuerpos ya daban signos evidentes de cansancio, sobretodo el de Quarion, asique tomamos la decisión de descansar, lejos de allí claro está, en alguna de las estancias vacías que habíamos examinado anteriormente.

-Muchachos, escucho voces. Despertad.

Era Seldlon, por lo visto sus finos oídos-cuando quieren-, habían escuchado algo. Salimos del cuarto en el que habíamos descansado con sumo sigilo. Las voces extrañas de esos Shadar-kai reverberaron en las antiguas piedras del templo, sonaban alarmadas y algo ansiosas. Algo sucedía, y cuál fue nuestra sorpresa cuando otra de las voces, en perfecto Khondazano, nos los hizo saber.

-Seguir buscando -dijo-, quien los haya matado pagará por ello-.

Resultaba que lo que sucedía éramos nosotros, Jijiji. –Y seguiremos sucediendo- pensé para mis adentros. No fue necesario mirarlo para saber que Seldlon opinaba lo mismo, su risita socarrona me lo hizo saber. Le eché un ojo a Quarion buscando su aprobación a un rápido y contundente ataque por nuestra parte y un serio semblante me devolvió la mirada. Estaba tan demacrado como ayer y un tanto distante, ese cacharro Shadar-kai no me gustaba nada, pero él zanjó el asunto con un rotundo –Vamos a por ellos-.
Recorrimos lo poco que faltaba del pasillo que daba salida a una gran sala, y allí los vimos. Un Shadar-kai abandonaba la cámara, y en ella quedaron un ser que Seldlon dijo que era un Tiflin, por lo visto un ajeno medio infernal, y una mujer bien formada, -no tanto como yo, dicho sea de paso- empetada en una armadura. Cargamos contra ellos, cada uno a su modo. Se lanzaron flechas, se lanzaron armas y me lancé yo misma con mi furia guerrera por delante. A la pobre mujer le cayeron unas cuantas pero le dio tiempo, antes de que empezara su sufrimiento, de lanzarle un pergamino al Tiflin.
Debía de ser algo importante para que lo primase por encima de su seguridad y a pesar de haber encajado unos cuantos golpes no dejaba de sonreírme diciéndome que ya no podríamos detenerlos, incluso cuando acabé con su vida tras un desliz en su defensa.
Los dos elfos trataron de detener al infernal pero se nos escabulló con algún tipo de conjuro pronunciado en su vil lengua. Necesitábamos respuestas y las necesitábamos ya, asique seguimos con premura al Shadar-kai que minutos antes había estado allí. No sin darnos cuenta antes, de que en el suelo de la cámara había grabado otro símbolo de Shar, mucho más grande que el otro que habíamos visto antes.

–Este no es un puñetero templo de Mystra- aseguré, aún sin saber gran cosa del tema.

-Cierto- dijo Quarion en apenas un susurro.

-Estaría por apostar todo el oro que llevamos en los bolsillos a que es un jodio templo de Shar- añadió Seldlon.

En ese momento una rabia me subió por las entrañas. Habíamos estado equivocados tó este rato y debo de reconocer que me jodio más de lo que podía asumir en ese momento, llámalo venada o mala hostia en bote pero cuando Seldlon se propuso entrar por donde la fata sombría con cuidado y sorpresa, no se me ocurrió otra cosa que darle una tremenda patada a la puerta abriéndola de par en par de un sonoro portazo que resonó en los muros como un trueno.
La habitación parecía ser una especie de capilla, con dos grandes hileras de bancos a ambos lados y un altar en lo alto de un retablo. Un grupo de Shadar-kais estaba allí situado, incluido uno de ellos, colocado detrás del altar, que apestaba a lanzador de conjuros.

– ¡Quién demonios sois y que estáis haciendo aquí!– vociferé blandiendo mi arma-, ¡quiero respuestas y las quiero ya!.
El conjurador soltó una risotada, haciéndome ver con un ademán de cabeza que uno de los suyos estaba a pocos metros de nosotros, con su espinosa arma preparada. Ni nos dimos cuenta de su presencia y cuando Seldlon preparó su arma para amenazarlo, las otras fatas oscuras que estaban con el conjurador hicieron lo propio con sus arcos ocupando posiciones.

-¡Ya no tenéis nada que hacer¡ –habló el conjurador señalándonos. Las sombras se arremolinaron a su alrededor con cada palabra queriendo hacer más imperiosa su llamada de atención. Cosa que logró.– Sabemos quién es la Portadora, y la encontraremos sin demora. Haremos que su poder se rompa en mil pedazos y nunca más el flujo de la magia volverá a desafiar a su verdadera dueña. ¡Que la oscuridad se haga con todos vosotros!-.
Como siguiendo una orden no dada que solo ellos reconocieron, los Shadar-kai atacaron.
Una lluvia de flechas se nos hecho encima, dando en el banco que cubría a Seldlon. Algunas me alcanzaron, al tiempo que la fata de la cadena se nos enfrentaba a Quarion y a mí. No había opción. Reaccioné. La ira me envolvió, cuando vi como el conjurador se preparaba para lanzarnos algún truquillo de los suyos. Nuestro enemigo era mejor que los anteriores que habíamos visto pero no pudo evitar mis certeros golpes y el espadazo que Quarion le lanzó atravesándole el pecho.
Una descarga mágica voló en pedazos el banco en el que se había parapetado Seldlon, pero para mi sorpresa Seldlon ya se había movido cubriéndose con otro más adelantado e intercambiando flechazos como un condenado.  –Esto tiene que acabar rápido sino nos van a machacar –murmuré para mis adentros.
Sin apenas darle tiempo a Quarion a curarme mis heridas salí corriendo hacia los arqueros con un bramido brotando de mi garganta. Más flechas. -Lo siento chicos, fallasteis-. Cerca, más cerca. Otra descarga mágica chocó contra mí pero eso no bastaría para detenerme, no, no lo haría.
El conjurador les gritó algo a los suyos, noté como un rastro de desesperación sonaba en su voz a pesar de que no entendía nada, sobre todo cuando una casi certera flecha de Seldlon le pasó rozando la cara. No tuvo tanta suerte aquel contra el que cargué saltando por encima de uno de los bancos. Lo partí en dos allí mismo cuando intentaba fútilmente cambiar su arco por su cadena armada, el chasquido de sus huesos al romperse debió de llamar la atención del conjurador oscuro que nuevamente me señaló y de repente de la nada salió la rata más grande y asquerosa que había visto en mi vida. Su infecto mordisco falló por un pelo cuando saltó a por mí y sin pensarlo dos veces traté de morderla yo también, fallando. Era condenadamente rápida, aunque no lo suficiente para evitar el filo de mi hacha.
Para cuando volví a prestar toda mi atención al conjurador lo vi asediado por Quarion. Uno de sus sombríos compañeros había caído debido a los proyectiles de Seldlon y ya solo quedaba otro que disparaba frenéticamente. Mis compañeros probaron su puntería llevando sendos flechazos. Era bueno, pero Seldlon era más cabezota, tarde o temprano acabaría con él. El conjurador se separó de Quarion y desató otro conjuro contra mí. Solo mi rápida reacción al ver mover sus dedos y sus ojos clavarse en mí, me salvó de recibir otra descarga que fue a parar a la columna en la cual me había cubierto, arrancando un trozo y volatilizándolo.
–Ya está bien. Ahora o nunca- pensé saliendo de detrás de mí parapeto y lanzándome a por el jodio hechicero que esta vez señalaba a Quarion cuya arma trataba de asestarle un mortífero golpe antes de que finalizase su conjuro y lo friese.
-¡TU!- bramé llamando su atención.  Su cabeza se giró justo a tiempo para ver como mi imparable ataque se clavaba en su hombro, cercenándole el brazo de raíz. Su magia se apagó de inmediato y para cuando Quarion lo golpeó de nuevo la vida ya lo había abandonado, solo una expresión de incredulidad quedó en su vacío rostro cuando sus tenebrosos ojos se extinguieron y su cuerpo se convirtió en miles de volutas de humo devolviendo su alma al oscuro agujero del cual había salido.

Esto ya empezaba a ser demasiado críptico para nosotros. No era que algo se nos escapase sino que todo daba la impresión de ser lo que no debía de ser. Registramos sus cuerpos antes de que la oscuridad los reclamase y no conseguimos ninguna pista, lo que nos escamaba todavía más. Entonces cuando salíamos de la capilla de los adoradores de Shar, Quarion nos detuvo levantando su mirada pensativa del suelo.

-Y si lo que buscaban aquí estaba en ese pergamino- dijo de pronto-, y si en ese pergamino vislumbraba quien sería la Portadora.

-¿En un templo de Shar?- pregunté.  

-Porque no. Se sabe que Mystra y Shar eran hermanas- añadió Seldlon.

Quarion y Seldlon tuvieron una parrafada en la que yo fui una mera espectadora y al final llegamos a la conclusión de que debíamos marcharnos y buscar más información en otro sitio. Recorrimos el templo sin más complicaciones, e íbamos a subir las escaleras que daban al salón de entrada hasta que Seldlon percibió sonidos en una de las salas colindantes. Esa era la nuestra, ¿no queríamos respuestas?, pues las obtendríamos. Esta vez me aseguraría de ello.
El elfito abrió la puerta con cuidado y observó su interior. Tres, nos comunicó por señas. –Dakuerdo –les susurré-, recordad que necesitamos por lo menos a uno vivo, sino esta refriega no habrás servido para nada.
Seldlon mostró su conformidad con una sonrisita de las suyas, aunque no sé hasta qué punto. El jodio elfito podía llegar a ser muy puñetero cuando se lo proponía. Quarion se limitó a emitir un bufido y a desenvainar su espada. Decir que me extrañaba su actitud era decir poco. Aun así nos preparamos y entramos.
Seldlon fue el primero en atacar. El que estaba en el fondo fue su objetivo, pero por lo visto el armario que estaba a la vera del propio, debió parecerle más amenazador porque la flecha fue a parar a una de sus puertas. La fata oscura tuvo una mejor replica y su tiró le dio en el costado a mi compañero. Yo me ocupé del de la derecha y Quarion del de la izquierda. La escaramuza duró poco pues Quarion acabó con su enemigo sin miramientos y Seldlon le estaba devolviendo, con creces, al suyo, el daño que le había hecho. Parecía que solo yo estaba teniendo en cuenta el plan, increíble. Cada vez que trataba de hablar con el Shadar-kai, este me colocaba un golpe y sabía que eso no podía seguir así. Trataba de contener mi cólera, lo que me costaba horrores y al final le conseguí encajar un buen tajó en la parte alta del torso, bien situado pero no mortífero, lo que por fin llamó su atención sobre el diálogo. Se percató de que uno de los suyos yacía muerto sobre su propia sangre y al otro poco le faltaría pues Seldlon lo estaba dejando como un alfiletero y no daba trazas de que tuviese intención de parar.

–Estas a tiempo de salir de aquí con vida,- le dije intentando tranquilizarlo- habla conmigo y…-. Entonces desesperado y apabullado dio un paso atrás, –No- le susurré-. No lo hagas- e inició una carrera.

Era consciente de que su último compañero había caído y de que quien lo había matado lo estaba enfilando.      –¡Seldlon!- grité. Le hacía aspavientos para que no le disparase, lo que por lo visto le estaba costando horrores, había llevado más de un tiro y quería devolverlos todos. Lo que no me esperaba era que Quarion, inexpresivo, y fumándose el plan, le arrojase su arma.
- ¡Nooo!- aullé sin creerme lo que estaba pasando. El arma voló al encuentro de su presa y este, por suerte, lo esquivó, lo que causó que debido a su velocidad trastabillase. A punto estuvo de besar el suelo cuando un fuerte brazo lo agarró y lo empotró contra la pared. Por la fuerza del golpe su arma salió volando y se dio cuenta de que no tenía escapatoria. Estaba atrapado, lo sabía, y más cuando vio mi cara de pocos amigos a centímetros de la suya. Cejó en su empeño de liberación casi al instante dejando inertes sus brazos a ambos lados de su cuerpo.    

– ¡Y a vosotros que demonios os pasa!- increpé a mis compañeros, pero dirigí mi mirada a Quarion-.Casi se va todo a la mierda y eso que soy yo la bautizada por la ira. Maldita sea, joder-.

Escuché como  Seldlon susurraba un amago de disculpas, algo sobre sus heridas y ofuscación, pero Quarion me miró y guardando su arma dijo: –lo tenemos, ¿no?-. Lo dejé estar por el momento y centré mi atención el Shadar-kai. Lo inflamos a preguntas, y solo cuando le dijimos que ya no habría ayuda por parte de nadie y Seldlon le hizo ver que ni un poderoso brujo de los suyos pudo acabar con nosotros, se rindió totalmente.
Nos confirmó que venían buscando un antiguo pergamino que les llevaría a la Portadora de la magia. –Dudas disipadas-. Y que poco más sabía.
Era un soldado que  se limitaba a obedecer y dado que ya habían encontrado su objetivo, sus compañeros y él iban camino del portal de vuelta a casa. Eso último nos alarmó a todos, un portal a las sombras. Eso no era nada bueno. Quarion se encendió como una cerilla y lo aprisionó por el cuello, increpándolo e instándolo a que nos dijera la ubicación exacta de dicho portal. Tuve que apartarlo de un empellón y decirle que se serenase, estaba como ido e insistía en su pregunta de un modo enfermizo. Eso no parecía propio de él. El Shadar-kai sin pensarlo un segundo se prestó a llevarnos a donde estaba, asique después de atarle las manos nos sirvió de guía.
Llegamos a la estancia y allí estaba, la oscuridad se arremolinaba a través del, un viento sombrío envolvía las piedras semisólidas, llenas de extrañas runas, que lo conformaban dándole un aspecto demasiado inquietante para mi gusto. El solo contacto con esa brisa que surgía de ese pozo me ponía en guardia, me erizaba el pelo y me tensaba los músculos. Seldlon palideció al verlo, repetía una y otra vez que no deberíamos estar allí pero Quarion quedó hipnotizado. Avanzó hasta el portal a pesar de que le decíamos que parase y solo cuando Seldlon gritó su nombre, este se giró. Su semblante había cambiado, ahora la ira y la locura habían enterrado la sempiterna calma de la que siempre hacía gala, volvió a mirar el portal que debido a su cercanía empezaba a lamerlo con sus sombras y empezó a vociferar como un poseso que debía ser destruido, que el mal lo atravesaba, que su sola presencia era un pecado para este plano de existencia y acto seguido lo golpeó con su arma. Una esquirla de las cuasipiedras saltó del portal y se convirtió en humillo al instante, revoloteando con el resto de las brisas.

– ¡TE HAS VUELTO LOCO!- bramó Seldlon- vámonos de aquí Zyna, a Quarion se le ha ido la olla. Destruir un portal es algo catastrófico-. Tiro de mí intentando que saliese de la sala pero yo solo di un par de pasos.
- Zyna…Es hora de irse- repitió. No quería dejar a Quarion y esa indecisión hizo mella en Seldlon que me soltó y diciéndome que él no quería morir aquí y menos de este modo, se largó por la puerta lo más rápido que sus piernas se lo permitieron.
Quarion seguía empecinado en su ferviente lucha contra el portal ignorando del todo mis llamadas. A cada golpe que daba, las sombras lo acariciaban y los vientos aumentaban llenando casi toda la sala, traté de ir a por él pero esta vez fue el Shadar-kai quien me lo impidió negándose a avanzar.

–El portal se defiende, ya no debemos estar aquí – expuso con su lánguida voz tratando de liberarse- tu compañero está perdido si sigue golpeando las runas. ¿Quieres sellar nuestro destino al suyo?. Me dijiste que saldría de aquí con vida si os hacía caso y eso hice, ahora cumple tu palabra-.

A estas alturas Quarion había cambiado de técnica. Enganchó el portal de lado a lado con una cadena armada y hacía torsión con espada para reventarlo, mientras aullaba palabras que yo no entendía desafiando aquello que lo anegaba. Las runas brillaron, negras, con la misma intensidad con la que brilla una vela antes de apagarse y el portal expulsó una negrura que azotó al elfo y quebró parte de las piedras que conformaban el pedestal donde este estaba. El Shadar-kai tenía razón debíamos marcharnos. Eche un último vistazo a mi compañero y dejé en manos de su dios el protegerlo, porque yo ya no podía. Salimos rápidos como rayos en la tormenta y aun así apenas nos dio tiempo a cubrirnos con la pared del pasillo al lado de la puerta, dado que la fata oscura me atrajo junto a él sacándome del corredor. Aproveché mi corpulencia para resguardar al Shadar-kai y en ese momento el portal se colapsó con un tremendo estruendo.
Una llamarada oscura salió disparada hacia el pasillo y luego la nada.

Cuando se hubo disipado la corriente negruzca que cubría todo el lugar, con la luz de un par de antorchas que se habían negado a apagarse tras tremendo embate, descubrí que la sala del portal todavía seguía en pie. Un rayo de esperanza hizo que mirase dentro y localizar, para mi asombro, una figura encima de lo que quedaba del pedestal. Allí estaba, de pie, inmóvil de espaldas a mí. Desenganche mi hacha.

–Quarion…- lo llame- ¿eres tú? .La figura inmediatamente se dio la vuelta.

– ¿Zyna?- masculló-. Vaya, veo que fuiste la única suficientemente valiente o estúpida como para quedarte-.
Su voz había cambiado ligeramente, al igual que su cuerpo, ahora era más gutural, profunda. Su cuerpo, con un tono más grisáceo de piel, parecía fundirse con su propia sombra. ¿Qué demonios le había pasado?, sino supiese de quien se trataba podría haberlo confundido con un primo lejano de esos Shadar-kai que tantos problemas nos causaran.
Le pregunté, preparada para lo que fuese,- lo que fuese-, si se encontraba bien y me respondió con un ademán de cabeza de forma afirmativa.
–Debemos irnos. Tenemos cosas que hacer- dijo finalmente.
Lo observé durante un rato a medida que se acercaba, dirigiendo alternativamente mi mirada de él al Shadar-kai. -Demasiado parecidos…Humm-. Concluimos en marcharnos.
Me preguntó por Seldlon y por “la nueva adquisición” y le contesté que el primero se había marchado y que el segundo aún me era útil, tenía curiosidad por él. En nuestra marcha descubrimos que Kara ya no estaba, seguramente Seldlon se la había llevado.

Tardamos dos días a buen paso en volver al pueblo, sin encontrar problemas por el camino gracias a mi capacidad para desenvolverme en la naturaleza, aunque debo reconocer que las noches con esos dos se volvieran un tanto inquietantes a pesar de freír a la fata oscura a preguntas de todo tipo debido a mi creciente curiosidad. Cuando divisamos el linde del pueblo le pedí a Quarion que se adelantase y buscase al resto pues yo tenía algo que resolver. Me quedé allí viendo cómo se marchaba, incluso me despidió con una sonrisa. Parecía que había vuelto su anterior carácter. Y entonces le corté las ataduras al Shadar-kai.

–Tienes dos opciones frente a ti-  le dije. Guardé el arma, no quería que se sintiese amenazado.- Puedes venir conmigo al pueblo. Sé que a lo mejor la gente será suspicaz contigo y algunos quizá violentos, sobre todo si alguien descubre lo que eres y toma sus propias conclusiones sobre cómo debe funcionar el mundo, pero te aseguro que si continuas a mi lado primero se las tendrá que ver conmigo. Eso sí, deberás comportarte o tú también tendrás que vértelas conmigo. O como segunda opción puedes largarte y tratar de sobrevivir a lo que te encuentres por ahí fuera o tratar de volver a tu casa. Tú decides, solo ten en cuenta que, tal y como me dijo un buen amigo a mí antes, lo que eres no marca lo que puedes llegar a ser-.

Entramos los dos juntos en Eveningstar, Anaik, pues ese era su nombre y yo. Había elegido bien.

No tardamos en encontrar a los demás. Estaban todos en nuestro habitual punto de encuentro, la posada “El Trasgo barbudo”, incluido Rosco, un mediano algo fondón, cuya verborrea era capaz de marear a cualquiera. Era un simpatizante de la magia y también, porque no decirlo, de las juergas, motivo seguramente por el cual no estuvo en la última reunión y por consecuencia en nuestra incursión al Templo. Hablamos durante gran parte del día y nos pusimos al corriente de todo lo ocurrido. Nos alegramos de estar vivos y a pesar de nuestros desacuerdos seguíamos estando juntos, otro motivo de alegría, supongo que así es como se forjan las grandes historias. La noche se nos vino encima antes de que nos diésemos cuenta y tras la sorpresa, seguida de un grado de cachondeo, de que yo pidiese un cuarto para Anaik y para mí, nos despedimos.


¡BROOOM!. –Que demo…-. Gritos. Cuernos sonando. Reconocería esos sonidos en cualquier sitio y en cualquier situación… Batalla. Salí disparada de la cama en mi esplendorosa desnudez y me acerque a la ventana. Alguien estaba atacando Eveningstar.
El fuego avanzaba con rapidez, demasiada,- Magia, sin duda-. Unos seres estilizados estaban matando a gente indefensa y guerreando con los guardias de la ciudad que a pesar de darlo todo por sus conciudadanos no parecían lograr devolver el embate. Le pedí ayuda a Anaik para ponerme la armadura y salimos de la habitación como alma que llevan los diablos.
Me encontré con Rosco en la planta baja intentando organizar algún tipo de defensa y me comunicó, entre gritos, que Seldlon, Quarion y Kara habían ido al tejado para tratar de hacerse cargo de la situación en las alturas. Mi vista recorrió la escena que se estaba dando fuera y chocó con uno de los atacantes justo al mismo tiempo que Rosco dijo: Drows. Esa palabra sonó en mi cabeza como un campanazo. Mi primo me había hablado de esos taimados seres, capaces de todo por el caos que profesan a su Reina Araña.
Sin saber cómo, me encontré arramblando con la escasa barricada de la entrada para hacerles pagar caro a esos Drows las vidas que estaban segando. Perdí un decepcionante segundo en reclamar a Anaik que luchara a mi lado. Se negó respondiéndome que no eran su gente, que solo se defendería.
Debería haberlo sabido, era demasiado pronto.
Puse un pie fuera del “Trasgo barbudo” e inmediatamente la batalla en todo su esplendor se hizo a mí alrededor. Las flechas volaban como bandadas de pájaros sangrientos buscando corazones en las que clavarse, el estruendo del metal contra metal llenó mis oídos y entonces lo vi, clavando su mirada en mi persona. El Drow me señaló con su espada, hizo una floritura con ella y con una amplia sonrisa cargó contra mí ignorando una llamarada que en ese momento se interponía entre él y yo.
El aire salió lentamente de mis pulmones mientras se acercaba. El cartel chamuscado de la posada cayó a mis pies. Un proyectil silbó cerca de mí moviéndome el pelo. En ese instante lo sentí claramente, el odio. Solo podía ver a mi oscuro enemigo llegando a mi lado y asestando un golpe lateral. Me moví lo justo para bloquearlo con el antebrazo de mi armadura, situé un pie detrás del otro y flexione las piernas dando un paso, y estirándome, le descargué tal hachazo que le atravesó el cráneo, seguido de su opaca armadura y salió por un costado convirtiéndolo en un amasijo de vísceras. Pretendí que el fuego que me abrigaba desde dentro explotase en todo mi cuerpo cuando otro Drow del que no me percatara me atacó a través de lo poco que quedaba de su compañero. Un grito por parte de Anaik trató de avisarme pero ya era demasiado tarde. Su cimitarra ignoró la pobre defensa que ofrecí con mi arma y se clavó en la carne del brazo que trató de protegerme. Logré evitar un golpe certero, solo había sido un rasguño. Solo un rasguño…Solo eso…Pero…Que…Mi cabeza empezó a dar vueltas y entonces me acordé. Cuídate de su ponzoña Zyna, ellos son peligrosos pero su ponzoña los hace letales. Mierda, no me lo podía creer, no,…Mi primo me lo había advertido. Sentí como me derrumbaba. Rosco clamó mi nombre a voz en grito. Dejé caer mi arma y el embarrado suelo recibió mi cuerpo con los brazos abiertos.

-¡Levanta Zyna, que crees que estás haciendo! ¡ARRIBAAA!. ¿No querías encontrarme?, ahí tirada no vas a conseguir nada, bueno, quizás que te maten.

-¿Ukomark?...Que puñetas… ¿¡UKOMARK!?. Su figura, un tanto desdibujada apareció frente a mí. ¿Es que había venido a salvarme?. No…No puede ser…

-Si lo es. Es que acaso no te enseñé nada. No voy a estar siempre a tu lado. Debes de estar preparada para todo. ¡TODO!-. Una energía me sacudió. Un latigazo fustigó mi mente disipando el nubarrón que intentaba abotagarme. –Arriba Zyna. Debes protegerlos. Debes proteger a tus compañeros, a la gente de Eveningstar. Yo no estoy…

Unos contornos aparecieron como una visión…Seldlon…Si, era él. Disparaba como un loco a una gran bestia medio araña, medio elfo oscuro…Y…Rosco…también trataba de vender cara su piel desatando su poder mágico pero el Drow que me había herido estaba a su vera. No podría resistir…

-…Pero tú si estas… Zyna…-. Su sonrisa, su cálida sonrisa. –¡LUCHAAAA!-.
Salté del suelo, levantándome como un resorte, rugiendo como una posesa. El hacha apareció en mi mano y la aferré como si mi alma estuviera en ella. Me lancé contra mis enemigos para asombro de todos los presentes. El Drow que hostigaba al mediano, fue mi primera elección pero Rosco me hizo entender aceleradamente que debía reconducir mi creciente ira hacia la Draña, así llamo al monstruo que amenazaba con arrasarnos, que él ya tenía bajo control al Elfo oscuro,-“Hacer amigos, lo llamaba él”. Di medio giro y cargué.
Lástima que a la Draña le diera tiempo a conjurar sus artes mágicas envolviendo a mis amigos en una marea de rayos azules y chispas verdes. Seldlon salió del lugar a tiempo dando una serie de volteretas sin daño alguno, al igual que Rosco, que a pesar de haber sufrido algún impacto parecía casi en perfecto estado. No le sucedió lo mismo al Drow que me atacara, el cual sucumbió entre terribles espasmos que le separaron la carne de los huesos.
No sé si fue el menosprecio o el hecho de que prefiriese destruir a más gente de un solo ataque, solo sé que la Draña se arrepintió de inmediato de no haber dirigido su sortilegio contra mí, en cuanto una de sus asquerosas patas de araña fueron cercenadas de un tajo. Enmendó su error dando un potente salto alejándose de mí, para usar nuevamente su magia perniciosa. Una gomosa telaraña surgió de las palmas de sus manos pretendiendo acorralarnos. Rosco pareció colarse por entre los huecos de las pegajosas hebras e intentó combatir la magia con la magia pero su rayo no logró afectarle. Al cambio lo de Seldlon no me lo esperaba. Sabía que estaba trasteando con eso de la hechicería, sin embargo, cuando de sus dedos surgieron unas lenguas de fuego que incineraron la telaraña por donde pasaban, me llamó bastante la atención.
Aunque más me llamó la atención el verlo salir corriendo hacia una casa que a pesar de estar sucediendo lo que estaba sucediendo en Eveningstar, estaba en perfecto estado, salvo la puerta, que a duras penas se sujetaba por uno de los goznes. Yo simplemente me negué a que esa guarrería me detuviese y  puse al corriente de mi opinión a esa asquerosa Draña de una cruel herida en el abdomen.
Se le veía en la cara, desencajada por la frustración y el dolor, que estaba harta de mí.
–Pues yo también lo estoy de ti puto bicho- le comunique encolerizada, golpeándola de nuevo.
Por encima de todo el tumulto capté la aguda voz de Rosco. Clamaba hasta desgañitarse que acabase con el monstruo, que en la casa a la que se dirigía Seldlon se encontraba la Elegida y el muy loco ahora estaba solo. No me lo podía creer. ¿Cómo lo sabían? ¿Qué había sucedido mientras estaba inconsciente?. ¡Demonios! ¿Cuánto tiempo había estado durmiendo?. Las preguntas tendrían que esperar pues la Draña lejos de darse por vencida inició una nueva letanía que no  pude desbaratar y esta vez dio en el blanco.
Una translucida bruma se metió en mi interior intentando apagarme desde dentro. Mis piernas flaquearon y los brazos se me entumecieron. De repente mi cuerpo pesaba demasiado. Me tambaleé y eso dio fuelle a mi oponente que se lanzó presto al ataque.
Lo que no sabía era que se las veía con una hija de Rashemen, yo no era una simple bárbara que pululaba por los Reinos que se deja llevar por la locura. Me he forjao en los fríos del Este, en el clan más condenadamente duro de todo Faerún, protectores de la tierra y devastadores de ejércitos de Zhay. Yo soy ZYNA.
El calor inundó mi cuerpo, llevado a todos los recovecos de mí ser  por un corazón que latía con fuerza, expulsando y haciendo inútil el intento de carcomerme de esa asquerosa Draña. Desaté un alarido invocando el poder de Tempus, mi dios, dando bandazos y machetazos. Salté encima de la Draña esquivando un garrazo y tras incrustarle el hacha en su pecho y una feroz dentellada en el cuello, esta se desplomó.
Las paticortas piernecitas del mediano lo llevaban a la casa, seguido de cerca por mí. Me había entretenido un segundo en arrojarle una equilibrada hacha de mano a un Drow que estaba poniendo en serios problemas a uno de los guardias y que gracias a ello pudo rebanarle el pescuezo de un espadazo.
Entramos en el umbral y nada más hacerlo el cadáver asaeteado de un elfo oscuro nos recibió. -Bien hecho elfito-.
Subimos por las escaleras. Rosco sabía muy bien lo que hacía, por lo menos eso insistía en decir. Y así fue. Cuando nos personamos en el piso de arriba vimos a Seldlon amenazando a una pareja de Drows. Una pareja de Drows que mantenían cautiva a una muchacha de melena rojiza. Una muchacha de melena rojiza que a todas luces era la Portadora. No podíamos permitir que se marcharan con ella.
Uno de ellos sostenía una daga en la parte baja de su barbilla. Estaba nerviosa y asustada, y en sus mejillas todavía se veían los brillantes regueros que habían causado un lloro reciente.

–No saldréis de aquí- prometió Seldlon sin pestañear, concentrado en un posible tiro certero.

–Lo haremos, o morirá- sentenciaron los Drows.

-No. Vosotros moriréis –Aseguré. Di una zancada, adelantándome.
Rosco me pidió calma pero yo ya no estaba para ello. Estaba centrada en como iría el combate. El Drow que tenía cautiva a la Portadora le hincó un poco más la daga y un hilillo de sangre empezó a manar de la herida. –Ya está, no hay vuelta atrás-. Aceleré todo lo que pude llamando a Seldlon. Este previó mi jugada y disparó al Drow que tenía a la muchacha, dándole en el hombro.- Tus dioses están hoy todos contigo elfito- pensé, bendiciendo su puntería. El otro trato de adelantarse pero Rosco lo frenó con uno de sus rayos mágicos lo suficiente como para que yo le ganase por la mano y llegase a su compañero antes de que se recompusiese del flechazo de Seldlon. Arramble con él, seccionándole el brazo, causando que la muchacha diese con sus huesos en la pared cercana. Seldlon volvió a disparar y lo remató. Lo que me dejo libre, para encajarle a placer un amplio corte al Drow que quedaba, en el bajo vientre. Cayó de rodillas apretándose la herida pero ya no había salvación posible.
–Os dije que moriríais -. Bajé el arma y su cabeza rodó por el suelo. La escaramuza se había resuelto del modo más favorable que jamás hubiese imaginado y la furia dejó paso a la alegría por ello.

-Mi nombre es Zyna Rashkaderoksh- dije, tendiéndole la mano a la Portadora. La pobrecilla estaba temblando- y estos son…Bueno…estos son mis amigos- Concluí llena de orgullo.


Fragmento de la vida de Zyna Rashkaderoksh. Enigma.
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Re: Cronica de Mystra

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