Dominika, una guerrera por accidente.

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Dominika, una guerrera por accidente.

Mensaje  Jaz el Mar Jun 19, 2018 10:27 am

Han pasado ya cinco años desde que la tragedia ocurrió. 

Servía y vivía en la residencia de la familia del gobernador en la capital de Kirigast, eran una familia curiosa pero aparentemente feliz, y puesto a que el comandante Cathak tenía su oficina en casa, solía pasar tiempo con su mujer y la mayor parte del tiempo que no trabajaba la pasaba jugando con su amado y pequeño hijo. 

Fue una noche en la que hubo una fuerte discusión en su vivienda y la mujer decidió irse con su hijo a pasar la noche en casa de su hermana. El hombre devastado se sumió en el alcohol y en su inconsciencia fue a buscarme. Han pasado cinco años y aún no puedo olvidar la cara de degenerado y aquella sonrisa perversa que formó al verme. 
Se acercó a mí paso a paso lento e intimidante mientras pronunciaba mi nombre. Sus pasos se oían perfectamente entre el silencio del hogar, aunque ahora se había convertido en una simple morada. Fijó sus ojos en mí y la violencia comenzó. La ira que no pudo desquitar con su esposa tras la pelea la desquitó conmigo, y hubiese deseado que sólo hubiera sido eso, pues podría haber dejado mi puesto de sirviente y conseguir otro trabajo, pero aparte de violentarme físicamente, también abusó sexualmente de mí, lo que al cabo de un tiempo resultó ser un embarazo, y no contento con eso, me amenazó con que si decía algo, haría mi vida imposible, y enviaría a sus soldados a buscarme. 

Decidí continuar con ese embarazo, decidí quedarme en la residencia del comandante porque en ningún otro sitio podría recibir el pago que generaba estar ahí y que ahora no sólo necesitaría para cuidar de mí, sino también de mi futuro hijo. 

Cathak y su mujer pudieron arreglar las cosas entre ellos y la dama regresó al hogar. Al parecer tras la borrachera, el hombre “olvidó” lo que había pasado, y no fue hasta unos meses antes de que Aakif naciera que le conté –En privado y con miedo- que ese hijo sería suyo. Su mirada se oscureció y su rostro se puso serio. No dijo nada más ni tocó el tema durante los meses restantes. 

Aakif nació como un niño sano. 3,2 kg, 48 cm y sin ninguna enfermedad. Él hubiera deseado poder correr y jugar como cualquier otro niño, él hubiera deseado comer dulces y crecer. Él hubiera deseado vivir. El mismo día que me dieron el alta y Aakif entró a la casa, el comandante aprovechó cuando dormía y decidió acabar con su existencia envenenándolo, pues no podía permitirse tener un hijo ilegítimo, mucho menos podía dejar evidencias visibles de haber cometido un acto tan atroz como el de asesinar a un recién nacido sin culpa ninguna. Una vez más volvió a amenazarme. Yo no diría nada y el niño habría muerto súbitamente. Yo quedaría como una golfa porque el padre nunca habría hecho presencia y “mi castigo” habría sido la muerte de mi hijo.  

Pero eso no iba a quedar así. Ideé mi plan cautelosamente y me lamenté por la matrona, pero tenía sed de venganza. Hice justicia por Aakif, y es que uno no está de acuerdo con la ley de Talión hasta que le toca decidir. 

Fue su noche de aniversario cuando la pareja salió de casa y el niño quedó a mi cargo. Murió de la misma forma. Dormido, sin sentir nada, sin saber por qué, sin saber que su padre era un monstruo que me había convertido a mí también en uno. Huí del hogar antes de que llegaran, huí de Kirigast lo antes posible y entrené por mi cuenta, desarrollé fuertes en combate a distancia y vivo de misiones que atentan a gobernadores y dictadores. 

Debí aprender por mi misma lo que es la guerra, pues es probable que las legiones a su cargo aún me estén buscando.


Así me convertí en lo que soy hoy. Una guerrera por accidente.




Jaz
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